Mis pasiones: una reflexión personal.

Pienso que en la vida necesitamos muchas veces un tiempo “en blanco”, donde nos podamos dedicar a pensar lo que realmente nos gusta, o en este caso, nos apasiona.

Conozco a muchos amigos y familiares que estando en sus respectivas carreras y trabajos, si les preguntas algo tan simple como: “Oye, a tí, ¿qué te apasiona?, no serían capaz de responderlo o simplemente se echarían una risa mientras cambian el tema. Esto me parece algo de lo que carece la sociedad. Estamos tan centrado en poder conseguir un objetivo de vida tras otro que nunca nos paramos a ver si lo que estoy haciendo realmente me merece la pena. Desde chicos, ya comenzamos a orientarnos hacia terminar el colegio, luego la carrera, y ya mientras vamos creciendo, solo queremos conseguir trabajo, crear nuestra familia y ganar dinero. Ojo, no estoy diciendo que estos planes estén mal, ya que obviamente también forman parte de mis metas de vida, pero si creo que nos debemos enfocar más a saber qué tipo de cosas nos apasionan y nos hacen felices cuando nadie nos puede ver.

En mi caso, tuve que hacer un curioso dibujo en una de mis asignaturas, donde tuve que reflejar las actividades o situaciones que más me gustaban y, yo misma, me quede sorprendida ante las cosas que escribí automáticamente, ya que muchas de ellas no tengo ya suficiente tiempo como para hacer.

(Por cierto: mientras realizaba el outline de mi mano, he llegado a desarrollar una gran admiración hacia aquellas personas que son capaces de dibujar manos, ya que con mi carácter perfeccionista, me ha causado un poco de frustración…)

De los primeras actividades que se vinieron a la mente e inmediatamente plasmé fueron escribir y leer. Ambas situaciones provocaban en mí una cierta desconexión del mundo y una forma de realmente conectar con mis sentimientos, ya bien sea a través de las historias de otros o creando cuentos propios donde podía contar lo que me sucedía sin tener que poner mi nombre. Cuando lo pienso, veo que deje de tomar parte en ellas principalmente por la desmotivación de la sociedad. ¿Quién me iba a acompañar a la biblioteca un viernes por la noche? ¿Quién iba a querer ser mi amiga si solo me gustaba quedarme en cualquier sofá leyendo libros durante horas seguidas? Estas cuestiones saltan a cualquier niña adolescente en el mundo de hoy en día, y a mí personalmente, ya sea por mi necesidad de encajar en una pandilla o las ganas de sentirme más “normal”, me hicieron caer en la tentación de dejar de lado cosas que me apasionaban.

Lo que me ocurrió a mí estoy segura que le ha ocurrido a mil otros niños y niñas con altas capacidades. Tenemos un interés concreto, y esto puede llegar a afectar mis relaciones sociales y mi capacidad de expresarme. Por ello, invito a cualquier persona que esté leyendo esto a retomar aquellas pasiones que dejaron atrás, por cualquier razón, para poder ser un poco más felices.