Mi experiencia personal: Parte 1.

Mi experiencia personal siempre ha sido algo que me ha costado contar en público. Ni mucho menos estoy diciendo que haya tenido una vida dura o castigada, ya que tengo suerte de vivir en un entorno y con familia y amigos que siempre me apoyan, que no muchas personas pueden decir eso.

Por ello, me gustaría comenzar esta parte de mi historia como una comparativa más superficial sobre mis “doble vida”. No hubo ningún momento en el que mi madre me dijera directamente “Oye Ángela, eres de altas capacidades”, pero es algo que escuchas en los susurro de los profesores y que de repente, parece que te quieren mandar siempre más deberes.

Por un lado, en el colegio, no me gustaba destacar. Siempre he sido de las mejoras de mi clase en cuanto a notas, pero no llevaba trabajos voluntarios ni nada por el estilo, ya que no quería que mis compañeros supieran las cosas que se me daban bien. Cuando me cambiabas de contexto, me volvía loca. El arte, la poesía, los libros… y una lista muy larga de temas no académicos que, ya en 5º de Primaria, me atraían más pero no compartía con gente de mi edad.

Tuve la suerte de mudarme a Estados Unidos justo en este período de tiempo, y sí, digo suerte, ya que allí las adaptaciones para necesidades educativas como esta son impresionantes. Como es lógico, todo sistema tiene sus desventajas, y estoy segura que otros alumnos no beneficiarían tanto del programa que ofrecía mi instituto allí, aunque por algún lado se ha de empezar. El primer gran cambio era en Lengua y Literatura, una de mis asignaturas favoritas. Allí, esta asignatura tenía un desdoble para alumnado “gifted”, que significaba que durante una hora y media, una vez a la semana, nos mudábamos a un mundo donde nuestra creatividad no tenía barreras. La profesora a cargo nos daba literatura de la forma más dinámica y práctica posible, dejándonos expresarnos de la manera que viéramos conveniente y abriéndonos las puertas a cualquier tema que nos interesara. Aún tengo memorizado el poema “Desiderata”, que nos hizo recitar uno a uno de cabeza, diciéndonos siempre que más adelante nos acordaríamos de ella cuando necesitáramos la fuerza que el poema trasmitía.

A pesar de esto, siempre he tenido dudas sobre mi identidad. Soy un poco hipocondríaca y, al ser de la época digital, tiendo a buscar mucho mis síntomas en Internet. Intenté buscar sobre mis sentimientos, y topé con un artículo que hablaba de la intensidad emocional en los niños con altas capacidades. Esa noche no dormí. Me comencé a dar cuenta que mi ansiedad, mi miedo al cambio, mi sensibilidad, mi ira… Todo era normal, o por lo menos que no era la única de esta forma.

Por ello, empatizo mucho con los niños a los que les llaman los “listillos” de la clase, los se portan mal pero muestran una capacidad increíble, los que se ponen rojos y no hablan más porque han hecho un ejercicio de la tarea mal. La sociedad necesita un cambio hacia la aceptación, no sólo de aquellos que tienen una condición física, si no también para aquellos que no somos iguales mentalmente.

 

 

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